Más allá de los análisis profundos que sobre la crisis se puedan llevar a cabo. Más allá de lo difícil que sería que todos diéramos la misma solución al problema. Incluso más lejos de quien o quienes son los culpables de esta situación. Se sitúa una especie con la que tenemos que acabar. Una especie que más que depredadora es carroñera. Que vive de la infelicidad humana, del caos, de la pobreza de los demás.
Me refiero, por supuesto, a todos aquellos que encuentran su beneficio en el ataque especulativo contra países, empresas o personas en graves problemas económicos. Los especuladores que ganan si hacen perder al país contra el que juegan, a la empresa a la que atacan, o a las personas o colectivos contra los que invierten. Esta es la verdadera perversión de nuestro sistema. Un sistema capitalista, basado en leyes liberales, no tiene porque permitir este tipo de operaciones.
Libre mercado, considerado en el sentido liberal, debe ser la libertad de cada uno para abrir sus negocios, para fijar sus precios, para negociar y comprar a los proveedores que quiera. Libre mercado deben ser bancos que permitan la financiación de proyectos pensados para generar riqueza. Debe ser la creación de marcos normativos para favorecer la libre e igual competencia, que evitan el monopolio. Libre mercado no es una selva creada para que cuatro individuos o corporaciones expriman al máximo un sistema, contra los intereses de ciudadanos libres, que no tienen sus oportunidades, y que sufren sus consecuencias.
Para ello, necesitamos limitar o eliminar las operaciones a la baja. Las especulaciones contra el hundimiento de monedas, deudas y países, y lo que para mi es más sangrante, los mercados de futuros, principalmente, los mercados de futuros sobre comida y productos de primera necesidad.
Las leyes del mercado deben hacer que no se puedan realizar operaciones que garantizan el mayor beneficio cuando un tercio del trigo mundial se tira al mar. Que generan miles de millones de dolares en beneficios cuando las primas de riesgo de un país se disparan artificialmente. Que crean grandes fortunas en mercados de futuros apostando contra países que después se empujan hasta que caen, para hacer rentables esos futuros.
Una cosa es defender que el estado intervenga lo mínimo posible en la economía y otra creer que esto sirve para que el estado cree el marco normativo necesario para que cualquier operación financiera, por injusta o execrable que sea, se convierta en legal.
La economía debe ser mucho más sencilla. Tanto intervencionismo es que el estado fije el precio de las cosas, como que lo fijen grandes corporaciones que lo atacan hasta que lo colocan en el valor al que ellos apostaron en futuros.
Y junto con esta especie, podemos intentar terminar con los políticos, que entregados al servicio de los carroñeros, legislan, dejan de legislar o incluso hacen declaraciones desestabilizadoras, solo para hacer fluctuar los mercados, en favor de sus amos.
Dos ejemplo claros esta semana. Los gobiernos de Finlandia y Holanda, dejando caer que bloquearían los acuerdos últimos de la UE sobre compra de deuda soberana han agitado los mercados de nuevo (alguien se habrá beneficiado) La verdad? Ellos no tiene capacidad de bloqueo sobre estas decisiones.
Claramente podemos ver como los mercados fluctúan arriba y abajo cada vez más rápido, para que la gente o las empresas o los fondos de inversión con información privilegiada, la puedan rentabilizar más veces y más rápido. Y para esto, hace falta la colaboración de traidores entre los políticos. Se puede decir más alto, pero no más claro, nos han vendido, y lo seguirán haciendo mientras les dejemos. ES UNA VERDADERA VERGÜENZA!!